Advertencia, el siguiente contenido puede ser no apto para todas las personas y su forma de ver las cosas

Sin embargo, si estás aquí es por algo, abre una vez más la mente y nada en mi subconsciente. Bienvenido a pequeños relatos para grandes personas.

Atlas, el titán que sostuvo el mundo | Historias de nuestra Historia

“Te desee desde el primer momento en que te vi, del modo como se desea a una prostituta, por el mismo motivo y con igual propósito. Pase dos años reprochándomelo por creer que te encontrabas más allá de semejantes deseos, pero no lo estas. Eres un animal tan vil como yo, y debería despreciar el hecho mismo de haberlo descubierto, sin embargo, no lo hago.

No voy a fingir, evadirme, ni incurrir en la silenciosa indulgencia de dejar sin nombre la naturaleza de nuestros actos.

No cambiaría toda la grandeza que veía en ti por tu obsceno talento para el placer animal.

Siempre me vanaglorie de no necesitar a nadie, pero ahora te necesito a ti. Siempre me he preciado de actuar según mis convicciones, pero he cedido a un deseo innoble, un deseo que ha rebajado mi mente, mi voluntad, mi ser, mi capacidad de existir, a una abyecta dependencia de ti; no de esa a quien admiraba, sino de tu cuerpo, de tus manos, de tu boca y los pocos segundos de un estremecimiento de tus músculos.

No quiero que entre nosotros quede ni un solo rastro de honor.”

                                                                          – La Rebelión de Atlas

Así logras desnudar el alma. Es así como conviertes la virtud en vicio, la esperanza en canibalismo y el erotismo en placer carnal.

Estas palabras son más que viles y voraces letras que se carcomen por propiciar una mísera sensación terrenal. Esto va más allá de la razón, más allá del bien y el mal, más allá de tu y yo.

Querer y desear la satisfacción puede intimidar hasta al caballero más pulcro e inmaculado que pueda existir. Y a pesar de todo seguimos sentados, leyendo, escribiendo, y creando mundos en donde el fruto de estos deseos es dado forma mediante versos que penetran las pupilas para un éxtasis indescriptible.

No niego nada, soy toda la cita y más. Y también lo eres tu. Solo un cúmulo de emociones que intenta seguir la fórmula postulada por la mente cruda y extravagante para obtener sus anhelos.

¿Cómo funciona? ¿Cómo es que las letras puedan batirse en duelo para tan ansiosa y liberadora descripción literaria? Parecieran un cuerpo. Un cuerpo cuya misión por fin es clara y por el eterno instante no piensa en algo más que el deshonor corporal, la caricia ajena, la subyugación en tiempos de guerra.

Y sí, leyendo esto, quiero tenerte. Por tan solo un segundo, sentir aquello que varias llaman la pequeña muerte y cruzar el umbral de lo muscular entre tus labios. Quiero sentir esa mirada fija que dicta un ansia de ser dominada. Un grito desesperado de ayuda, un alarido de goce que te haga fallecer y volver a la vida con la fuerza de tu convicción por pedir cada vez más.

Dime, ¿cuánto odio y represión debes tener para sucumbir ante tal bajeza? ¿qué te atormenta para estar aquí en el ahora, al borde de la muerte? Al borde del sueño, al borde de la reencarnación.

Es eso, la crónica de un momento íntimo, un momento mutuo. Pasarán días, semanas y años, de abril a abril, pero siempre serás mía, siempre sabrás que en ese segundo, en ese instante fuiste el eslabón más bajo y denigrado de la cadena.

Ahora, si quieres golpearme o besarme lo aceptaré, no tengo preferencia alguna.

 

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