En estos últimos días, he viajado a rincones inhóspitos de la mente humana. Todo para encontrar una naturaleza intrínseca que a veces puede ser aterradora para algunos. He aquí un testamento sobre ello salido de entre todos los escombros y las cenizas. Dejen volar su imaginación, pónganse en los zapatos de ésta ficciosa realidad y sean bienvenidos a pequeños relatos para grandes personas.

Megadeth- Peace Sells… But Who's Buying? bonus art by Ed Repka. | Megadeth,  Bandas de rock metal, Logos de bandas

Me he convertido en la muerte

Siempre enseñan en las escuelas la responsabilidad de las acciones que cometemos. Si haces trampa serás sancionado, si robas algo serás castigado por el sistema judicial correspondiente. Incluso si llegas al extremo de despojar a un individuo de su vida, será la tuya la cual caiga en manos de la parca penitenciaria, reemplazando aquello que tomaste sin derecho alguno. Acción y reacción, intercambio equivalente, balance de ecuaciones, o como gustes llamarlo. Es una ley y constante en todo el universo.

Sin embargo, ¿qué pasa cuando alguien toma más de lo que puede pagar? La ley dictamina varias castigos dependiendo la acción, y aún así a algunas personas les parece poco que el culpable de la muerte de su hijo y sus compañeros sea condenado a dos cadenas perpetuas. Si los números no mienten el potencia de vida humana del culpable no compensa el triple o cuádruple de años en potencia que las víctimas pudieron vivir.

Decisiones, decisiones. Es un debate deliberado a la hora que se propone una sentencia que logre contar como “justa” ante los ojos vendados de aquella dama la cual en teoría nos rige. A veces los juicios toman años o décadas para llegar a un acuerdo que cumpla con la objetividad parcial de un tribunal. Irónicamente, la objetividad no puede ser parcial.

Cuando era pequeño siempre me preguntaban qué desearía ser de adulto. Nunca tuve una idea en concreto. Solo supe que quería poner mi granito de arena en los anales de la humanidad. La vida se va volando cuando enfocas toda tu energía en un campo de estudio. Pero, esa fue mi elección. Aquella vez en la que obtuve mi primer trabajo relacionado a mi carrera comencé a balancear los elementos que me dio la vida para convertirme en aquello por lo que seré recordado.

Todas las noches duermo, al menos ocho horas. Y a pesar de ello, no he descansado por décadas. No tengo sueños, no tengo pesadillas. Aquello que veo al cerrar mi vista solo es la nada, es el vacío. La concepción inhumana del polvo y las cenizas que dejé a mi paso. El silencio es tan envolvente que mi corazón latente funge como cronómetro midiendo la cuenta hacia atrás. Cada latido es como una campanada que rompe mis anhelos y mis esperanzas.

Si tuviera que responder ante las personas a quienes se vieron finadas debido a mi imprudencia el infierno sería menos doloroso. Ya he dado todo lo que tengo y lo que escribo solo es inercia ante mis acciones. Cuerpo y alma yacen presentes, pero la voluntad se fue hace mucho. ¿Qué es, pues, lo que me mantiene atado a estas letras?

¿Es acaso la vida de una persona equivalente a la de cientos de miles? ¿Cómo funciona la regla de conversión en este caso? Si de algo estoy seguro es que a donde sea que vaya más de 129,000 almas estarán dispuestas a atormentarme con tal de conseguir un fragmento de lo que les fue robado. Que así sea, pues desde ese momento, en aquel desfile de luces y crudeza, en ese espectáculo sombrío tributo a lo más oscuro que yace en todos, me he convertido en la muerte, en el destructor de mundos.

  • J. Robert Oppenheimer