Seguimos en octubre, mes de miedo, mes del horror y mes de ésta su sección frankenstein favorita. Sean bienvenidos a pequeños relatos al olvido de internet.

Espera, ¿cómo que Silent Hill 4 ya está disponible en GOG?

Lugares curiosos

Me encontraba en una atmósfera húmeda, no precisamente tropical, lo cual es normal pensar cuando ese concepto viene a la mente. Pero no, esta era una humedad más anormal, menos humana y cálida. Lo grotesco del aroma perfumaba mis fosas a la vez que una temperatura fría bañaba la abismal oscuridad de mi alrededor. A los pocos minutos mis manos atadas a la silla en la cual yacía sentado estaban sudando, no sabía lo que vendría después y los nervios de la situación eran presentes a cada segundo.

Uno pensaría que para estas alturas ya estaría acostumbrado a las bajas temperaturas y la humedad, sin embargo, no, nunca se vuelve más cómodo, y eso es algo que no puedo evitar. Tal vez es una señal. El sudor recorría mi frente y lentamente escuché la voz de quien estaba presuntamente detrás de mi. Alguien había despertado.

En cuestión de segundos los balbuceos y gritos se manifestaron. El crepúsculo de los pensamientos y las emociones estaba en el pico de mi mente, me preguntaba si él sentiría lo mismo. Aullidos espectrales y casi inhumanos emanaban de su boca mientras yo permanecía en completo silencio. Inerte y pensando con cuidado mi siguiente acción, la cual, sin buen cálculo y precisión lógica, tendría como fin un resultado poco favorable.

Una vez los minutos dieron sus últimos pasos, la voz fue perdiendo fuerza, pasó de histeria a sollozo, de euforia y adrenalina momentánea para tomar acción a una vela que la brisa apaga lentamente, con caricias.

Era el momento, y mis diálogos fueron escogidos meticulosamente dando a conocer mi estado similar al suyo y que de igual manera estaba encerrado. A pesar del vacío nebuloso y oscuro logramos comunicarnos mediante un tono leve y calmado, tratando de encontrar suelo común para proseguir.

Pasando la hora según mi agudo sentido del tiempo, pudo hacer uso de sus pies para seguir mi canto hasta que estuvimos uno frente al otro, o al menos eso quiero creer. Mi pie pisó un objeto de naturaleza metálica y que emitió una resonancia que debido a la acústica del lugar lo hizo fácil de reconocer. Una herramienta, delgada y fina. Ambos discutimos qué hacer para levantarla, después de todo, pies y manos estaban encadenados a nuestras sillas.

Mientras el sonido metálico seguía reminiscente, un leve temblor sacudió la habitación. Nada serio, solo la caída de un poco de polvo que cubrió mis ojos momentáneamente, aunque dudo que eso hubiera sido algo negativo, aquí la vista es el menor de los sentidos que puedes usar. Su nombre era Kevin, y su vida era bastante buena. Sus padres tenían un matrimonio estable, su hermana y su novia lo esperaban en casa a cenar, por desgracia terminó en este cubo extradimensional e inhumano.

Recuperado del polvo post-temblor, Kevin y yo decidimos usar la herramienta para liberarnos de las cadenas. Para ello decidí caer de espaldas al suelo y recogerla, pan comido. ‘Espera’, dijo Kevin. ‘¿Cómo vamos a cortar cadenas con eso?’ Solté de momento la sierra manual y propuse mi solución dando a entender que yo saldría primero para ir a buscar ayuda. Al parecer Kevin se mostró de acuerdo pero con el pasar de las horas se percató de mi ineficiencia o de la sierra para cortar el metal el cual, por cierto, se sentía firme y sin un rasguño.

Comencé a llorar, a dejar pequeños gruñidos mientras me aseguraba de hacer todo lo posible por mantener la calma. Creo que era obvio, esa cosa no era tan fuerte como nuestras cadenas. Lo siguiente vino a mi mente casi de manera inmediata.

El sonido de tendones y huesos siendo molidos y separados era lo único que seguía en pie en medio de la ominosa habitación. Y Kevin no tardó en averiguarlo, dejando salir llantos reprimidos me suplicó detenerme. Abruptamente el sonido cesó. Empujé la sierra hasta que chocara con la silla de Kevin y jadeando hice presente mi fatiga. Pensar que todo seguía pensado con antelación y una metódica serie de pasos mentales para obtener lo máximo posible al menor costo de recursos.

Las horas seguían pasando y a pesar de lo acostumbrado de nuestros ojos, la penumbra seguía siendo tan siniestra que el fondo más profundo de la fosa más grande del mundo carecería de material para compararse. Ojos abiertos o cerrados, todo era lo mismo.  Kevin agarró la sierra, la casa volvió a sacudirse, esta vez con más violencia y tirándolo de lado. ‘Tranquilo, no pienso que sigamos aquí por mucho, ya haz hecho demasiado y aunque no lo creas, mi mente sigue pensando en una solución’. Solo obtuvo un suspiro de mi parte. Era el momento en el cual se acercaba el final de la línea para uno de los dos.

Siempre me han dicho que tengo facilidad de palabra, algo que definitivamente pensaba usar. Ya que mediante un breve monólogo logré abrir los ojos de Kevin hacia la verdad, la seriedad del asunto y la única manera en la cual sería posible liberarse. Sí, era algo indescriptible, algo que incluso yo no haría a pesar de mi estado. Las palabras salidas de mi boca hubieran dejado pálido a cualquiera que me hubiera escuchado, y en cuanto la última sílaba cayó del acantilado de mi cavidad bocal, un tercer temblor azotó el lugar seguido de una disonancia gutural. Algo supranatural. Kevin se quedó sin oído pues solo me gritaba a pesar de mis repetidas respuestas indicando mi ubicación. Es increíble la duración del sentido de adrenalina proporcionado por las emociones derivadas de un momento tan inhóspito como el presente.

‘De acuerdo, de acuerdo, es esto o morir’ fueron las palabras que Kevin gritó ya sin importarle el ruido que diera indicaciones de que dos entes estaban aquí. La metamorfosis de los actos comenzaba ahora, y con el aullido más fuerte que el inicial, el sonido que hace unas horas emanaba de mi ser ahora era reflejado en aquél digno y virtuoso individuo. Realmente algo digno y noble para el beneficio común. Casi lamento lo que sigue después.

Tirado, de lado, pude sentir una calidez líquida rodeando mi costado. Espesa y con un aroma inconfundible, el caldo humano empapaba mi cara como una mascarilla. Fue solo entonces, que mi voz lanzó la jabalina verbal sobre el estado físico de Kevin ‘¿Kevin? ¿Estás bien?’. De forma irónica, su respuesta fue una imitación de la mía hace apenas unas horas antes. Entonces me levanté.

Dejando de lado las cadenas sueltas que ataban mis extremidades, comencé a guiarme en medio del mar negro para llegar a una esquina donde un switch me esperaba. Sin esperar mucho, prendí la luz con la mano manchada de la sangre aún fresca de Kevin. Mi ser despedía vapor rojizo debido al calor de mi cuerpo, añadiendo el ambiente frío, un aura carmesí rodeaba mi figura. Poco a poco Kevin alzaba la cabeza para verme, ileso, intacto. Dejando escapar un gesto ávido de calamidad y espanto. La primera vez que veo eso.

Mientras subía las escaleras del sótano, la voz de Kevin solo podía pronunciar una sílaba mientras sus pies y manos estaban en el frío piso separados de su cuerpo y éste se retorcía en la agonía de verme. ‘¿Por qué?’ esa fue la última pregunta hecha por Kevin. ‘No te preocupes, en verdad admiro a personas como tu, nobles, egoístas hasta cierto punto y sobre todo lo suficientemente enfocados en seguir viviendo‘. La locura es algo que no avisa pues su naturaleza indica que sea un estado alterado de la mente, algo súbito, algo incluso, divino. Siguiendo mi camino, las paredes del cuarto comenzaron a cerrarse con una apariencia orgánica, el frío, siempre nos delata el frío y la humedad. El último temblor sucumbió las paredes para revelar a la criatura debajo de ellas. Algo de ese tamaño como para albergar un cuarto entero no puede ser humano, y casualmente, yo tampoco. Y dejando caer el traje de piel, ascendí hasta llegar a la puerta en, donde con lo que podría considerarse mis “manos”, agarré el picaporte llenándolo de un bizarro moho característico de mi naturaleza mientras mis ojos daban un último vistazo a mi amigo Kevin.

Increíble que él haya sido el primero que no haya cuestionado qué soy. Siempre hemos estado aquí, seguimos aquí, y seguiremos aquí. En tu vecindario, en tu escuela, en tus paredes, en tu propia casa.

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