Antes de comenzar con la siguiente entrada me gustaría hacer un pequeño ejercicio sobre mi vivencia con el cine.

Imaginen estar en el periodo escolar de su preferencia. Acaban de salir de clase y son libres por el resto del día. Están pensando en cómo van a pasar su tarde, caminando con rumbo a su casa.

Al llegar intentan descansar 5 minutos que se sienten como segundos. Les cuesta concentrarse y deciden salir a caminar para despejar su mente. Paseando se topan con un espectacular con el logotipo de algún cine y una sensación los invade. Empiezan a oler las palomitas, los dulces y las demás golosinas que la dulcería vende. Recuerdan el trailer que vieron en la mañana sobre aquella nueva cinta que está a punto de estrenarse. Las ansias de salir de su realidad empiezan a consumirlos, piden a gritos una historia, una nueva realidad, un nuevo mundo. Sin pensarlo dos veces deciden ver qué hay en cartelera y ahí empieza la magia.

Después del bombardeo de colores entre pósters siguen sin elegir entre un romance de verano, una galaxia muy muy lejana, una tierra media o una cabaña embrujada. Son tantas las opciones y en cuanto menos lo piensas te encuentras parado en la fila para entrar a la sala. No sabes cómo llegaste ahí y sin embargo se siente extrañamente familiar, como una segunda casa.

El tiempo vuela y cuando menos lo esperas sales pensando en lo que acabas de ver. Interiorizas la obra audiovisual, desbordas emociones y sentimientos, algo que incluso podrías clasificar como fuera de este mundo, pero en cuanto sales del recinto llega a tu cabeza de manera inminente…tenías tarea.

Resultado de imagen para la magia del cine

Todos hemos experimentado el precioso fenómeno del proyector en una sala oscura con olor a palomitas recién hechas y un ambiente inigualable. Y la verdad es que nada se le compara al maravilloso mundo del cine. El regalo de un mago para un niño pequeño o de otro mundo para el nuestro.

Resultado de imagen para cinema paradiso
“Cinema Paradiso” 1988

Sin importar el género, disfrutamos de las historias que nos cuentan realidades fantásticas en donde podemos ser nosotros mismos. Es como ser un lienzo en blanco listo para pintarse con el óleo de las cintas  de 35mm y los guiones. Desde generaciones pasadas, nuestro abuelos y bisabuelos tuvieron la oportunidad de ser partícipes de la invención y producción en masa de la fotografía, pasando de placas de metal a impresiones digitales hoy en día. Vivieron la revolución cinematográfica que George Melies y los hermanos Lumiere trajeron.

Ellos como nosotros fueron niños alguna vez, y al igual que cuando la euforia nos consumió cuando se estrenó “The force awakens”, ellos se volvieron locos por ver el tren en el café de Paris o el viaje a la luna. El impacto generacional fue el mismo, las emociones, los sustos, las risas y las lágrimas, todo gracias a las vastas y misteriosas aguas del Quinetoscopio.

Resultado de imagen para la vida es bella
“La vida es bella” 1997

Como seres humanos, tenemos una necesidad innata por contar y escuchar historias. Todo el tiempo nos encontramos narrando algo a alguien, ya sea un chisme, una anécdota o una simple descripción de cómo ha sido nuestro día. Esa misma necesidad es lo que nos ha llevado a descubrir nuevos territorios en todos los campos imaginables del conocimiento humano, el dar a conocer algo a la gente. Compartir.

Pero hay veces en las que pienso que este arte tan bello no puede ser invento de nosotros. Hasta cierto punto comprendo a la gente que se salía del café cuando veían que un tren se aproximaba a ellos, sin tener la concepción de qué es una película y mucho menos una sala de cine. Se sentían alienados, presentes ante algo jamás visto antes, rodeados de extrañeza e incertidumbre. Aún más cuando pocos años después se tuvieron las megaproducciones de Melies con efectos especiales que incluso para una persona de hoy en día hacen sentir asombro. No sé, creo que es interesante.

Resultado de imagen para el perfecto asesino
“El perfecto asesino” 1994

No me gustaría hacer más largo esto, sólo dar mi opinión sobre lo increíble que pienso que es el mundo del cine. A diario la gente camina por sus pasillos con comida y entusiasmo por ver a su personaje favorito en pantalla, o tal vez sea alguien aventurado que busca nuevas experiencias y está a punto de descubrir su nuevo género favorito. Sin importar nada, me alegra que sigamos con la tradición de contar historias. Mis padres lo hacían, mis abuelos lo hacían, yo lo hago y estoy seguro que muchos de ustedes también. No dejen de apreciar lo hermoso del séptimo arte, porque, a fin de cuentas, qué seríamos sin esa segunda casa con eterno olor a mantequilla, qué seríamos sin esos momentos en los que escapamos de la realidad y viajamos por múltiples dimensiones, qué seríamos sin el preciado cine: el arte que vino de otro planeta.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here